lunes, 2 de noviembre de 2020

Borat, siguiente película documental - Un marcado declive, pero que funciona


 Borat de 2006 es, en mi opinión, una de las mejores comedias de las últimas décadas y una obra maestra del género mockumentary. La suma entre el formato documental y un humor negro y ácido sin límites, más el carisma de su protagonista y el morbo de saber qué mucha gente había sido engañada configuraban una gran película. Quizás difícil de ver para ciertos públicos, pero en general gustó mucho. Por eso esperaba mucho esta segunda parte.

 Borat 2 (o mejor dicho, Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan) es algo raro. Sigue siendo graciosa, sigue con su sarcasmo, sigue con su mal gusto, y mantiene la crítica social. Pero a su vez pierde mucho del encanto de la primera, si bien en ciertos sentidos era algo inevitable. Eso no quita que, a pesar de funcionar, presente fallas.

 En esta segunda entrega nos enteramos que el gobierno de Kazajistán decidió castigar a Borat por haber arruinado la imagen de su país ante el mundo. 14 años después lo liberan del trabajo pesado con la función de cumplir una misión en EEUU que busque limpiar la imagen de su país e insertarlo al mundo. Una vez en Norteamérica, Borat se enfrenta a la presidencia de Trump, al feminismo radical e incluso a la pandemia de coronavirus. Podría dar más detalles, pero prefiero dejarlos para el área con spoilers.
 Nuevamente Sacha Baron Cohen demuestra que nació para interpretar a Borat Sagdiyev, a este entrañable y a la vez odioso periodista kazajo. Más allá de la película su interpretación es brillante. Como gran revelación, su hija Tutar, encarnada por la actriz búlgara Maria Bakalova, es un muy buen personaje y seguramente esta actriz tenga mucho futuro por delante. Quien aparece poco es el presidente kazajo Nazarbayev (por cierto, el presidente de Kazajistán se llama así realmente), interpretado por el actor rumano Dani Popescu, quien merecía más escenas porque hace un buen trabajo.

 Lo positivo de esta película es, fundamentalmente, el funcionamiento de su humor. En general es ácida e irreverente, pero graciosa, con chistes que funcionan muy bien. También hay que destacar, al igual que en la primera, el diseño de producción en "Kazajistán" (en realidad es una aldea de Rumania, aunque no es la misma de antes) y el manejo de la cámara, intentado otra vez el formato documental.

 Pero no todo lo que brilla es oro, y es momento de hablar de los defectos. El primer problema es que se pierde la magia que tenía la primera entrega. En aquel entonces estaba el morbo de saber que muchos de los implicados se creían realmente la historia del periodista kazajo, lo cual generó varias demandas. En este caso, al tratarse de un personaje conocido y más aún en épocas de redes sociales, ese encanto se pierde y es más evidente que todo estaba pactado. Aún así hay ciertas escenas que si fueron sorpresivas para los damnificados, o al menos eso se dio a entender, y generaron algunas polémicas. Las dejo para los spoilers. Pero mientras antes era el alma de la película, ahora ya es la excepción. Sumo también ciertos chistes (como los judíos o los gitanos) que ya suenan gastados.
 El segundo defecto es que es excesivamente tendenciosa y parcial. Mientras la primera era una crítica a la sociedad estadounidense con algunas menciones a la política, aquí es muy claro que es un panfleto demócrata contra la administración Trump. Y lo peor es que no tiene sutilezas en ese sentido, ya que es bastante directa. Una verdadera pena.

 Resumiendo, la segunda película de Borat mantiene algunas cosas de su predecesora e incorpora un personaje interesante que tiene buena química con el protagonista. Pero a su vez pierde parte de su efectividad al tratarse de un producto ya conocido y además al focalizarse demasiado en su crítica política y no en la crítica sociopolítica más amplia. La sensación que me queda es que podría haberse hecho mucho mejor.


Nota final: 7. ¿Cómo se dice "la primera fue mejor" en kazajo?

ADVERTENCIA: SPOILERS EN EL PRIMER COMENTARIO

1 comentario:

  1. Confieso que lo del mono actor porno como regalo a Pence me pareció un chiste bastante bobo, aún para los parámetros de la película. Por suerte se deshicieron en seguida de eso.

    No tengo nada que objetar de la evolución ideológica de Tutar, de hecho me pareció una buena idea que terminase siendo una feminista libertaria alt-right (si es que eso existe). De hecho esto conduce a chistes muy buenos, como la mención que se hace al mansplaining o que la venta de novias sea reemplazada por venta de novios. Y por cierto, estallé con la referencia a Kevin Spacey.

    El giro del final, donde se revela que el coronavirus fue diseminado por Borat como parte de una estrategia del gobierno kazajo para vengarse del mundo, yo al menos no lo veía venir y me pareció un buen giro. Me encantó también el cameo de Tom Hanks.

    La aparición en el acto de Pence fue un buen momento. Y respecto a la polémica aparición de Giuliani prefiero no opinar, por tratarse de un momento perturbador donde nada queda claro.

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