El teatro y el cine suelen englobarse dentro de las artes audiovisuales, pero el paso del uno al otro, especialmente del teatro al cine, no siempre salen bien. Y eso se debe a que son dos formatos diferentes. Sin embargo, contar con un buen elenco siempre permite tener una buena expectativa.
The Boys in the Band (Los Chicos de la Banda) es, con toda seguridad, una de las mejores películas de este 2020. Muy bien interpretada, con una buena producción y una historia que pasa muy bien del drama a la comedia sin problemas. Más allá de lo malo que pueda señalarse, el resultado final es completamente positivo.
Esta película se basa en una obra de Broadway estrenada en 1968, que dos años después tuvo su adaptación cinematográfica, que contaba en su elenco con los mismos de la obra de teatro. En 2018 la obra de teatro fue re-estrenada y en su adaptación cinematográfica no solo contó con el mismo director, Joe Mantello, sino también con la totalidad de su elenco. Como dato curioso, tanto el director como todos los actores son abiertamente gays. Como productor está Ryan Murphy.
Es la historia de siete amigos gays que festejan un cumpleaños, pero la llegada de un amigo heterosexual del dueño de la casa terminará generando toda clase de entredichos y reflexiones entre todos.
El elenco es brillante. El protagonista es Michael, encarnado por Jim Parsons, el dueño de la casa y en quien se basa todo el drama. Realmente una actuación brillante la suya, encarnando perfectamente a un personaje odioso y a la vez querible. Su némesis es el cumpleañero, Harold, encarnado por Zachary Quinto, quien también hace un excelente papel y encarna a otro personaje carismático y cínico.
El resto del elenco cumple también, y realmente todos tienen una oportunidad de lucirse. Me refiero a Donald (Matt Bomer), el amigo de Michael; Larry (Andrew Rannells), quien no cree en la monogamia y debe lidiar con la oposición de su pareja Hank (Tuc Watkins), quien estuvo casado con una mujer y se divorció; Emory (Robin de Jesús), el más afeminado y divertido; Bernard (Michael Benjamin Washington), quien también debe lidiar con ser afroamericano; el Cowboy (Charlie Carver), "regalo" para Harold, un modelo aparentemente con poca inteligencia; y finalmente Alan (Brian Hutchison), hetero, amigo de Michael, quien llega a la fiesta sin saber que su amigo es gay y que todos los invitados lo son, y que luego al enterarse tendrá varios dilemas.
Además de las actuaciones, hay que destacar el diseño de producción. Siendo que casi toda la acción se desarrolla en dos lugares (interior de un departamento y balcón) y ciertos detalles que logran recrearon los años 60. Y aún así tiene la virtud de sentirse totalmente actual. Y eso se debe también a contar con un buen guion, que logra transigir exitosamente entre drama y comedia, y que consigue darle espacio a todos los personajes.
Aún así, cuenta con algunos defectos. El primero es que, tiene una duración un tanto excesiva y las dos horas quizás sean demasiadas. Se rellena con escenas que no llevan a nada y 1:45 minutos hubiera sido lo óptimo.
Otro problema es que, si bien las actuaciones y el guion son excelentes, quizás por momentos haya situaciones exageradas que arruinan el realismo. Es decir, tienen tanto odio adentro que es poco creíble que fueran amigos originariamente.
También resta algunos puntos que el final sea diferente a la mayor parte de la película.
En resumen, The Boys in the Band es una gran película, sencilla, con un buen elenco y una historia atrapante. Aunque con las dificultades obvias de la transición del teatro al cine, el resultado final es completamente satisfactorio. Un testimonio aggiornado de la comunidad gay hace 50 años con problemas que, lamentablemente, retumban hasta el día de hoy.
Nota final: 9. De lo mejor del año.
ADVERTENCIA: SPOILERS EN EL PRIMER COMENTARIO

La gran pregunta, que todos se hacen desde que la obra fue estrenada en Broadway, es qué era lo que Alan tenía que decirle a Michael y por qué estaba llorando al teléfono. Supongo que esa esa la magia.
ResponderEliminarCelebro mucho que se mantenga la intriga sobre la sexualidad de Alan. Y también que exista tanta tensión entre Larry y Hank, que se resuelva positivamente.
La escena final muestra el destino de cada uno (Michael abrazado a Larry lamentándose por su comportamiento, y luego yendo a misa nocturna; Emory y Bernard en un bar, Larry y Hank teniendo sexo, Harold yéndose a su casa con el Cowboy) y finalmente a Michael corriendo. No entendí eso, aunque supongo que la intención era esa.
Estas escenas finales las sentí un poco fuera de lugar, considerando que casi todo el filme se da en un patio o en un living. Quizás, para no perder la onda, hubiera sido mejor mostrarlos a todos en sus casas, intentando replicar la intimidad, salvo quizás por Michael.