El juicio de los 7 de Chicago (como se la conoció acá) es con toda seguridad una de las mejores películas de este 2020. Con muchísimas cosas positivas y tratándose, en resumen, de una película llevadera y entretenida. Pero no es perfecta, y tiene ciertos detalles que afectan para mal la opinión definitiva.
Está basada en un hecho real: Un juicio mediático que tuvo lugar en Chicago en 1969, en el que se acusaba a ocho militantes de izquierda (con el tiempo serían siete, ya que uno tendría un juicio aparte) de haber participado en una conspiración para realizar desmanes un año anterior durante una convención del Partido Demócrata. Al año siguiente, a iniciativa del gobierno republicano de Nixon, esos activistas son llevados ante el tribunal. La película cuenta como los abogados defensores de estas personas hicieron todo lo posible por demostrar su inocencia, aún a pesar de tener en contra al Gobierno y el Poder Judicial.
Esos siete son: Thomas Hayden (Eddie Redmayne) y Rennie Davis (Alex Sharp) del grupo Students for a Democratic Society, Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen) y Jerry Rubin (Jeremy Strong) de la agrupación Yippies, David Dellinger (John Carrol Lynch) del National Mobilization Committee to End the War in Vietnam, y los independientes Lee Weiner (Noah Robbins) y John Froines (Daniel Flaherty). Yendo a las, desde el minuto cero el foco está puesto en los personajes de Redmayne, más serio y realista, y Baron Cohen, más descontracturado y casi un alivio cómico, quienes tienen hacen excelentes papeles y tienen buenos contrapuntos. Del resto, no se puede decir que hagan un mal trabajo, especialmente Strong quien tiene un par de buenas escenas, en tanto que Sharp y Carrol Lynch no hacen para nada mal su trabajo, pero aparecen demasiaso poco. Si hay que destacar que Robbins y Flaherty están casi pintados y es un error no darles más espacio, ya que ellos eran los "menos culpables" de todos y merecían un mejor desarrollo. Por otro lado, destaco que se muestren las diferencias metodológicas entre ellos, siendo que no todos eran igual de revolucionarios.
Los abogados merecen una mención aparte. Leonard Weinglass (Ben Shenkman) cumple bien su rol, pero quien realmente es un protagonista es William Kunstler (Mark Rylance), que es uno de los mejores personajes. Lo mismo puede decirse del líder de Panteras Negras Bobby Seale (Yahya Abdul-Mateen II), el octavo acusado, quien tiene pocas escenas pero muy intensas y bien hechas, logrando tener un gran papel.
Del bando de "los malos", el juez Julius Hoffman (Frank Langella) es bastante acartonado y básico, pero cumple discretamente. Si me pareció mucho mejor desarrollado el fiscal Richard Schultz (Joseph Gordon-Levitt), quien acusaba, asumiendo la responsabilidad que le dio el poder político, pero sin dejar su integridad de lado.
Otros aspectos positivos son: Su banda sonora, el diseño de producción, todo el aspecto audiovisual, el montaje y ese estilo de docudrama que ayuda mucho a conocer el problema a quienes no somos estadounidenses ni sabíamos del caso. Pero por sobre todas las cosas, es una película ligera que se deja ver. El guion funciona, pero tiene algunos problemas que trataré en el siguiente apartado.
Entonces, ¿qué es lo negativo? Por empezar, la película se centra demasiado en Abbie Hoffman, Tom Hayden y el abogado Kunstler, y no da mucha atención a los otros. Quizás sea por tratarse de muchos personajes, pero me hubiera gustado ver bastante más de Bobby Seale o del ex-procurador Ramsey Clark (Michael Keaton), quien apenas tiene un cameo. En estos momentos me pregunto si esto no hubiera funcionado mejor como miniserie, con un episodio dedicado a cada personaje.
Otro problema es que la película por momentos es demasiado tendenciosa, y uno no puede olvidar que este filme se estrena en EEUU en un año electoral y en momentos de una gran ebullición social (si bien parte de esta no existía durante la producción). No es malo que tome partido, pero si es malo que se idealice tanto a los buenos como los impolutos y a los malos como los villanos desalmados. Pierde realismo con esto. Da la sensación de simplificar algo demasiado complejo.
En resumidas cuentas, The Trial of the Chicago 7 es una de las mejores películas de este año. Se le puede achacar con justa razón su parcialidad manifiesta demasiado explícita y su excesiva idelización. Pero eso no quita que se trate de un producto disfrutable, muy bien hecho, con grandes actuaciones y un guion que a pesar de todo no es denso y si es muy llevadero.
Nota final: 8,5. Más que 7.
ADVERTENCIA: SPOILERS EN EL PRIMER COMENTARIO

No creo que se pueda considerar spoiler saber como terminó todo, siendo que es un caso de la vida real. Por si acaso, en 1970 termina el juicio, todos son absueltos del cargo de conspiración, Froines y Weiner son totalmente absueltos, los otros cinco son condenados a cinco años. Fue apelada la sentencia de 1972, se ordenó un nuevo juicio (ya que el juez había sido parcial), pero el Departamento de Justicia decidió no reabrir el caso. Si tuvieron varios de ellos, incluyendo al abogado Kunstler, causas por desacato, pero no fueron encarcelados ni tuvieron que pagar multas. En tanto Seale fue condenado por otras causas, pero puesto en libertad en 1972.
ResponderEliminarNo queda claro en la película quién inició los disturbios. A pesar que en algunas escenas se nota claramente que fue la policía, no se puede obviar que se basa en los recuerdos de los acusados y que no se muestra puntualmente, sin resquicio de duda, lo que pasó. De todas formas, todas las escenas de incidentes estuvieron muy bien hechas.
De toda la escena del juicio quiero rescatar la presencia de Seale amordazado y encadenado (que por cierto, pasó en la vida real), el momento de furia de Kunstler gritándole al juez, y, finalmente, la escena final en la que Hayden lee los nombres de todos los caídos en Vietnam, ante las reacciones contrariadas de los presentes. Por estos detalles es que la película, cinematográficamente, es casi perfecta.